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jueves, 21 de junio de 2018

La guerra que ganaron. Las elecciones que perdimos.


Por Edilberto Afanador Sastre
Msc. Sociología.

Los resultados electorales del 17 de junio de 2018 en Colombia, estaban escritos en el guión de quienes detentan el poder desde hace 200 años. Ellos sabían que ganarían. Las fuerzas alternativas, en cambio, tenían que soñar con el triunfo. Eso hace toda la diferencia. Pero, ¿por qué sabían?

Los procesos electorales en general, son incómodos para el poder. Siempre resultan arriesgados, por eso, mientras ellos se preparan para un ejercicio de manipulación en gran escala, las fuerzas alternativas, piensan que se trata de llevar a cabo aquello que está escrito en la Constitución. Creen, ingenuamente, que el pueblo, constituyente primario, tendrá derecho de elegir por el voto, la mejor propuesta, el mejor candidato.

Y, todo debe transcurrir, como si de eso se tratara, de elegir quién será el nuevo presidente del país, a través de las reglas establecidas en la normatividad vigente. La realidad es bastante diferente.

Para los detentores del poder, el proceso electoral, es apenas un mal necesario. Vencer las elecciones los legitima y los protege. Pero, nunca han estado dispuestos a obrar a partir de las normas establecidas para los procesos electorales. Es decir, medir la capacidad de conquistar votos, apenas por la consistencia, coherencia y pertinencia de un programa de gobierno y por la madurez, inteligencia y ética de un candidato, no hace parte de sus estrategias de participación electoral. Estos elementos, esenciales en la democracia, son apenas una fachada construida artificialmente. Hay que saber mantener las apariencias. ¿Qué hacen entonces, para ganar las elecciones?

Hacen la guerra. No una guerra convencional. Eso sería grosero. Y de hecho, ya la han hecho, pero los resultados, lo demuestra la historia, son desastrosos. Hacen lo que se llama técnicamente, una guerra híbrida. En Colombia, la manipulación en los procesos electorales, ha sido la regla. Pero en el que acaba de pasar, la manipulación a partir de los expedientes propios de las estrategias de la Guerra Híbrida, fue especialmente aplicada.

Las guerras híbridas transforman en medios de guerra todo lo que sea necesario para lograr sus objetivos: corrompen las instituciones, compran los medios masivos de comunicación, manipulan las redes sociales y cuentan con el apoyo de todas las instancias de poder, los terratenientes, los grandes industriales y comerciantes, la iglesia, el ejército y, además, de fuerzas paramilitares. 

Se trata de un tipo específico de guerra, diseñada para escenarios en los cuales el enemigo, no es como en las guerras convencionales, otro ejército. O como en las guerras irregulares, un grupo guerrillero o una fuerza insurgente. No. En el caso de las guerras híbridas el enemigo es difuso, es la masa, los ciudadanos, el pueblo en general. Hay que conquistar su voluntad, no a través del discurso, sino a través de la manipulación sistemática de todos los factores que puedan incidir en su capacidad de tomar decisiones. En otras palabras, se trata de destruir la consciencia colectiva e individual, único elemento que puede permitir que las personas y las comunidades elijan, después de sopesar todas las alternativas, lo que les parece ser la mejor opción de gobierno. En ese sentido, se trata de una guerra psicológica: el electorado debe ser llevado a elegir la opción que interesa al poder.

El elemento fundamental de toda guerra psicológica es la manipulación a través del miedo. La estrategia consiste en lograr que la mayor parte de la sociedad perciba al candidato opositor como un peligro inminente. Son movilizados sentimientos primarios en el electorado a partir de mensajes que vinculan al candidato opositor con peligro, odio. amenaza, asco. Son diseñados cuidadosamente diversas series de mensajes que serán difundidos masivamente por medios de comunicación (radio, prensa y televisión), redes sociales (facebook, whatsapp, instagram, twiter). Millones de perfiles falsos generados por empresas especializadas inundan las redes. La complicidad de los medios de comunicación es fundamental. Estos se encargan de transformar tales mensajes en cuestiones fundamentales de la campaña, en temas de debate, en único elemento  en las entrevistas, en los titulares, en los editoriales y en el asunto fundamental de los comentaristas. Castrochavismo, comunismo, expropiación, fueron en este proceso electoral, los memes que fueron canalizados hasta el último rincón de la conciencia de los electores. Una frase simple como "No queremos volvernos otra Venezuela", repetida millones de veces, discutida, colocada como una verdad incuestionable, hecha pregunta, tema único y fundamental, desvía toda la atención de cualquier problemática importante de la realidad del país. Las propuestas de los candidatos desaparecen, se diluyen ante la supuesta importancia que un ejército de políticos, periodistas, comentaristas, titulares, e incluso, padres y pastores, se proponen a alertar: "!hay un peligro inminente!".


El ciudadano del común, que es la absoluta mayoría de los electores, y esto incluye gentes de todas las clases sociales, es, literalmente bombardeado  por todos los medios posibles y a todas horas con esas falsas cuestiones. Él ve, oye, lee y olfatea el peligro: todos lo dicen! Debe ir de la sospecha, a la convicción y de esta a la rabia. Recuerdan aquel "hacer que voten emberracados"?.  La guerra psicológica alcanza su objetivo cuando una porción mayoritaria de la población solo consigue percibir la realidad que ha sido diseñada y difundida. Cuando grupos sociales diversos repiten "esas razones" como si fueran propias. Cuando, dichas "verdades" se vuelven puro y simple sentido común. Es entonces, cuando ese conjunto de falacias, se transforma en una verdad colectiva y transitan de boca en boca convertido en vox populi.

Si el primer conjunto de "peligros inminentes" no es suficiente, entonces, se derrama un nuevo bombardeo de cuestiones morales: es ateo, va a prohibir la religión en las escuelas, va a volver a todos los niños homosexuales, hace ritos satánicos, odia la iglesia, etc. ¿Pondría el destino del país en manos de un ateo? Claro que no! Responde la frágil consciencia de la mayoría de los ciudadanos. Entonces, esos mensajes son reforzados con otros que presentan negativamente al candidato: su son difundidas supuestas fallas imperdonables de su personalidad: es arrogante, causa odio, es egocéntrico, es un dictador, no escucha, tiene hijos o hijas fuera del matrimonio, asesinó, es terrorista, es malo, peligroso, perverso.

Las entrevistas con ese candidato deben concentrarse en esos peligros, en esas cuestiones morales y en esos defectos. Las entrevistas deben ser difíciles, tensas, repetitivas, las respuestas del candidato deben ser interrumpidas, desacreditadas, tergiversadas. El tele-espectador o el oyente debe vivir una experiencia negativa frente al candidato. No le debe ser posible entender sus propuestas ni su personalidad. Y todas las sospechas deben ser confirmadas: el peligro inminente debe ser tan real como sea necesario.

La destrucción del objetivo debe ser completa, es decir, el ciudadano debe ser incapaz de pensar por si mismo de otra manera: la experiencia de este candidato debe ser negativa en la percepción de la mayoría.


Paralelamente, el candidato del statu quo. el conveniente, el bueno, el inteligente, el creyente, el estudiado, el que habla bien, el que sonríe, el simpático, el de las excelentes propuestas...es presentado y representado: él juega fútbol, canta, baila, es feliz, es sencillo, buen padre, buen hijo, su familia es bonita e ideal y todo en las entrevistas funciona perfecto, el clima es familiar y sus respuestas, sus sonrisas, sus frases de cajón, serán repetidas incansablemente por todos los medios. Nunca una crítica. Ni su pasado, ni sus vínculos políticos perversos, ni su falta de experiencia son cuestionados. La realidad del candidato simplemente, no interesa. Aunque era un desconocido...pasará a ser conocido. Aunque es rodeado de corruptos, paramilitares, narcotraficantes y agentes del poder,  será percibido como el salvador, el indicado, el único capaz, el verdadero, el bueno, el bonito y simpático...y aunque tenga canas pintadas, como el hombre con la experiencia suficiente y necesaria para dirigir los destinos del país.

Esta fase de la guerra psicológica tiene el mismo objetivo: que la mayoría de los ciudadanos tenga una experiencia positiva de éste candidato.

Pero, si todo eso no es suficiente, aún hay dos armas: las encuestas y el fraude electoral programado. Publicar encuestas con resultados convenientes tiene un objetivo: preparar la percepción colectiva para aceptar el resultado. Se trata de dos armas más en el escenario de la guerra híbrida.

El sistema electoral se mantiene anacrónico a las necesidades del siglo XXI, por una razón: es muy fácil manipularlo y configurar los resultados deseados a los intereses del poder. Las prácticas clientelistas son mantenidas intactas. La compra de votos con dinero, mercados, fiestas, artistas populares, espectáculos, llegan a costar grandes cantidades de dinero y son llevadas a todos los puntos del territorio. A pesar de ser prácticas ilegales, se llega sin escrúpulo, al constreñimiento directo  de electores en empresas aliadas, se usa la amenaza, se venden incertidumbres y dinero. Paramilitares actúan sin reserva en puntos alejados del territorio. Los empleados públicos, los contratistas son obligados a poner cuotas en votos.

Pero es el propio sistema electoral que presenta más fallas y brechas. Los jurados  son elegidos convenientemente en muchos casos, ciudades y regiones. Los testigos gozan de todo tipo de obstáculos, la mayoría nunca llega siquiera a ser testigo. Y su presencia es minimizada. Y, su función principal, que es vigilar el conteo de los votos y el correcto diligenciamiento de los formularios, es simplemente imposible: la mayoría de las mesas no tiene testigos electorales y su presencia puede ser inútil en las mesas que logran vigilar. Además, una vez que son emitidos los formatos reglamentarios su manipulación pasa por todo tipo de personajes, lugares y procesos. La consolidación de los datos es tan vertiginosa que hace imposible cualquier mínima corroboración. Los resultados se transforman en un hecho dado y compulsorio. Los procesos de verificación y reconteo pueden demorar tanto tiempo y dependen de tantas personas que hacen imposible su auditoria. El software es una caja negra. Los actores que controlan el sistema, simplemente dan cuenta de evitar cualquier vigilancia externa seria. Las fallas, las denuncias, los crímenes en evidencia, se quedan en sus manos, pues son juez y parte. Las buenas noticias y la proclamación de los existosos resultados, replicados alegremente y sin el más mínimo cuestionamiento por parte de los medios de comunicación generan un clima de estabilidad, de normalidad y de hecho aceptado por todos.

La guerra a sido ganada. Y los mismos con las mismas se mantendrán en el comando del país por cuatro años más. Del otro lado, aquellos que confiaron en su discurso, en su programa, en su candidato y en las reglas del juego establecidas en la Constitución, ven impotentes, confusos y desilusionados cómo todo se mantiene donde estaba, a pesar de haber movilizado millones de ciudadanos a votar a consciencia, libremente.

Del otro lado, un equipo de campaña acaba de perder el proceso electoral porque desconoce que en realidad, estaba en medio de una guerra híbrida y no estableció la más mínima estrategia de defensa. Una guerra, como todas requiere de estrategias de ataque y de defensa de parte de dos contendores que saben que están en guerra.  ¿Qué sucede cuando solo una parte sabe que está aplicando estrategias de guerra y la otra apenas se concentra, ingenuamente, en las estrategias de una campaña electoral? Pierde la guerra pero cree que perdió un proceso electoral. Los otros, los del poder, los de siempre....siempre estuvieron seguros de su victoria.





sábado, 1 de abril de 2017

¿Por qué los promotores del 1 de abril eligen Popeye como símbolo?

 Por Edilberto Afanador Sastre. Sociólogo.



Puede parecer absurdo, pero el hecho es que Uribe, Pastrana, Ordoñez, Francisco Santos, y lod demás líderes de la marcha del 1 de abril de 2017, han hecho cuestión de mostrar su beneplácito por la adhesión de John Jairo Velásquez Vásquez, conocido como Popeye. Él fue durante años "el sicario más cercano al narcotraficante Pablo Escobar" (El Espectador, 2017, MARZO, 30).  Popeye, quien ya pagó cárcel por sus delitos, publicó un su cuenta de Twiter, en donde tiene 23.300 seguidores, su invitación para asistir a la marcha contra la corrupción que los opositores del Gobierno convocaron para el 1 de abril de 2017.





En un primer momento resulta completamente absurdo que personajes como estos expresidentes, exprocurador y el exvicepresidente. Este último lo expresó claramente: 

Adicionar legenda

"Popeye tiene derecho a marchar, ya pagó su deuda con la sociedad”: Pacho Santos. (2 Orillas, 2017. marzo 31).

Parece un hecho trivial, pero no lo es. Tenemos que pensar porque ellos hacen esto y que significa este hecho.

Es que Popeye no es apenas una persona, él es un símbolo: ¿símbolo de qué? y ¿qué es lo que ese símbolo representa?

Popeye, no como persona, sino como símbolo es el resultado, la síntesis de una cultura. Él emerge de dentro de un fenómeno cultural: la narco-cultura. Es decir, no es apenas un sub-producto marginal del narcotráfico como fenómeno económico. No. Él es ante todo, una síntesis del modo de pensar, de sentir y de hacer el mundo de un pueblo. Un pueblo, que no necesariamente era (y es) narcotraficante, pero si, tiene un modo de ser, un modo de pensar, y de soñar, que se alimenta en el universo del narcotráfico.


El narcotráfico solo pudo consolidarse en Colombia, porque la mentalidad de la mayoría de los colombianos era compatible con esa actividad económica e ilegal. La mayoría nunca fue y nunca serán narcotraficantes, pero sus valores, sus sueños, sus anhelos, en cambio, si. 

Se trata de nosotros y de nuestro modo de funcionar en el mundo cotidianamente:

* Siempre estamos buscando el atajo para lograr los objetivos que, normalmente, pueden implicar, años de esfuerzo, disciplina y sacrificio.
* Huimos de quienes nos parecen frágiles, perdedores o segundones. De los que llaman al trabajo, al esfuerzo. Queremos estar al lado de los triunfadores, y no cuestionamos sus métodos, si estos son ilegales o fraudulentos, no importa.
* La única manera de saber que alguien es un vencedor es por sus riqueza material. Nos gusta la ostentación, la demostración, el derroche, el exceso. El que invita a la gran parranda, el que derrama Whisky, el que tiene el mejor caballo, la mejor camioneta, el mejor equipo de sonido, el que hace más alharaca. 
* Adherimos a aquel que alcanza lo que se propone, cueste lo que cueste. Mejor si demuestra que no está dispuesto a seguir normas, reglas, imposiciones. Mejor si demuestra que es inmune a la ley, a la justicia, a la autoridad. El que burla la institucionalidad y la arrodilla a su voluntad.
* Estamos dispuestos a servirle incondicionalmente a quien es muy superior en poder económico y poder político. Al doctor le ofrecemos todo. Todo lo que necesita es pronunciar su orden. Lo mejor que nos puede pasar es hacer parte de un circulo de "amigos" de una persona con poder. Nos sentimos ungidos de ese poder, nos sentimos superiores a todos los que no lo consiguen. NO se nos ocurre cuestionar nada de esto, apenas agradecemos  la oportunidad.
* Nuestro triunfo consiste en colaborar en el triunfo del doctor, del patrón. Y sentimos, profundamente, que al hacerlo, cumplimos con nuestro deber. Todo lo que esperamos que Él nos retribuya, que nos de una cuota de sus ganancias. 
* En los casos extremos, como ocurre con el narcotráfico, el paramilitarismo y otras mafias, pues, si hay que matar por el patrón, lo hacemos en nombre de la justicia, de la democracia, o de la santísima virgen. Al final, el patrón es el bueno y sus enemigos, son los malos, con lo cual, todo se justifica.
* Si el patrón cae, si por acaso, la justicia lo persigue, lo juzga , lo condena, nos parece un absurdo, un abuso, un infierno. Una injusticia. Nos preguntamos mientras nos persignamos, cómo es posible, condenamos a quien lo hace, lo declaramos enemigo de la humanidad, del país. 
* A pesar de todas las evidencias, lo que se diga en contra del Doctor, del patrón, en nuestro corazón, es simplemente falso. Ningún conocimiento, ninguna información, ninguna evidencia hará que cambiemos nuestra creencia, pues al final, en Él, nosotros creemos, en Él depositamos nuestra fé y nuestra esperanza. Dios sabrá protegerlo y protegernos de todo mal.
* El cinismo, esa capacidad para negar la realidad y afirmar que la verdad es lo que nos da la gana que sea, contra todas las evidencias, contra todo conocimiento, contra toda sobriedad.
* Criticamos en los otros, exactamente todo aquello que practicamos, vemos en ellos lo que NO queremos ver en nosotros. Somo la República del yo tengo privilegios  que son justos para mi, para mi familia y mis amigos, los demás que esperen.

Por eso Popeye. Los Doctores, los Patrones, lo están buscando, le agradecen su presencia en la marcha que ellos convocan contra la corrupción, por que él es funcional. Lo hacen porque él, un muchacho de origen humilde, uno de tantos que entró en cuerpo y alma en el mundo del narcotráfico, uno de tantos que mató por su patrón, uno de los que ejecutó sin piedad sus órdenes, encarna el modelo típico de pensamiento y comportamiento del colombiano promedio: reza y ejecuta. Pero no se arrepiente. Pablo Escobar será siempre su ídolo. Su currículo es su orgullo:


En Colombia hay un cordón umbilical entre esta mentalidad y la forma como se gobierna al país. Por eso tenemos NARCO-POLÍTICA, PARA-POLÍTICA y CORRUPCIÓN, todo incorporado en el sistema de poder, en el Estado y las instituciones. 
Que las campañas son financiadas por narcotraficantes, eso lo sabemos desde hace 40 años.
Que desde el Estado de organizan los paramilitares, eso ha sido así desde el siglo XIX.
Que la corrupción coopta las elecciones, las manipula para elegir a determinadas personas, es el pan de cada día desde que somos república.
Que robar los recursos públicos, asesinar opositores, regalar el patrimonio nacional (recursos naturales), tener cuentas millonarias en el extranjero...lo  que importa es que repartan alguna cosita. Que den la mordidita. Que lo contraten a uno o al algún pariente en el puestico.

Uribe, Pastrana, Francisco Santos son los típicos patrones, los capos de la política, la parapolítica, la narcopolítica, la corrupción. Ordoñez, es la síntesis entre todo esto y la el fundamentalismo cristiano. También lo hemos vivido, al final, no se necesitan dos Laureamos Gómez en una solo historia nacional.
Usar la figura de Popeye para promover la marcha es completamente calculado: él representa a la Colombia que los sigue, que los idolatra, que los elige, que está dispuesta a lo que sea, con tal de que estos patrones, estos doctores, sigan ejerciendo el poder. Todo lo que esperan es que les toque su pedazo. 
Es esa Colombia, que se niega a pensar, a leer, a informarse, a estudiar, a mirar su historia críticamente para no repetir su pasado. Esa Colombia que reza, pero no se importa si mantener ese tipo de poder significa más muerte, más saqueo, más robo. Esa es la Colombia que estará en la calle el 1 de abril de 2017. Es la Colombia que se mantiene en una infancia infinita, en una Edad Média eterna. La Colombia que se entiende conservadora, pero lo que conserva es la barbarie. Que se siente católica, cristiana y creyente, pero en lo que cree es en poderes materialistas, violentos y retrógrados.

Esa es la Colombia que tenemos que superar. Tenemos que alcanzar la ciudadanía plena, en la cual, cada Colombiano sea capaz en la construcción de la democracia. Eso significa, ante todo, superar históricamente esa estructura cultural. Y en ese esfuerzo, cada colombiano cuenta.


miércoles, 29 de marzo de 2017

La corrupción en la historia de Colombia: una herencia de las élites

Por Edilberto Afanador Sastre. Sociólogo.


El primer acto de corrupción se constituyó en el mismo instante en que los españoles declararon esta tierra como propiedad de su rey. Fue una apropiación ilegal y hasta hoy, sigue siendo cometida. El segundo, fue la apropiaron de todos los recursos naturales que esta tierra brindaba de manera abundante. El tercero, fue la apropiación de la fuera de trabajo indígena y luego, la esclavización de cientos de miles de Africanos traídos a la fuerza de su tierra. 

El cuarto, también se hizo presente desde los tiempos de la conquista y la colonia. Para la mayoría de los españoles recién llegados, la manera de alcanzar el rápido ascenso social y económico era el nombramiento en algún modesto cargo público, lo cual le permitiría el acceso a las oportunidades de la corrupción. Esta, en sus múltiples modalidades, caracterizó desde un principio la administración colonial española, al mismo tiempo que fue acompañada por la denuncia de la corrupción. (Caballero, 2016).
Ya en los tiempos de la Independencia, el 12 de enero de 1824, desde Lima -Perú el Libertador Simón Bolívar, se vio ante la necesidad de decretar la pena de muerte contra los hechos de corrupción, según reza en documento de la Sociedad Bolivariana de Venezuela: “Artículo 1.- Todo funcionario público, a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los fondos públicos de 10 pesos arriba, queda sujeto a la pena capital”. (Decretos del Libertador. Publicaciones de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Tomo I (1813-1825), pagina. 283. Imprenta Nacional, Caracas, 1961). 

Cabe recordar que los funcionarios públicos en los tiempos de la Independencia, que eran muy pocos, en general pertenecían a la clase de los criollos, herederos de las familias españolas que habían llevado a cabo la Conquista y la Colonia. Hombres ricos, dueños de tierras, ahora al frente de los destinos de la naciente república. Es decir, de la clase que había heredado la tierra que los españoles se habían robado, los recursos naturales, los esclavos y también los cargo públicos.
Sin embargo, los vicios de la corrupción sobrevivieron a la era bolivariana y se perpetuaron a lo largo de la consolidación republicana durante todo el siglo XIX. Según Blanco y Téllez , “la corrupción fue uno de los grandes problemas de la República Neogranadina: el contrabando, la evasión de impuestos, el clientelismo y la falsificación de la moneda, forman parte de una larga lista que se vio favorecida por la actitud pasiva de los funcionarios, y por la omisión y el desconocimiento o el exceso de los servidores estatales”. (2016, p.165). Para 1832, cuando el General Francisco de Paula Santander fue electo presidente, el despilfarro y las defraudaciones “habían convertido a Colombia en una nación insolvente” (Blanco y Téllez, 2016, p. 167 -Citando a Víctor Paz Otero (2009).
El artículo 478 del Código Penal de 1837, en el capítulo 1 del título “De los delitos y culpas contra la hacienda nacional”, definió las conductas que admitían reproche penal, como las que correspondían al “extravío, malversación y mala administración de los caudales y efectos de la hacienda nacional”. (Blanco y Téllez, 2016, p.168). A pesar de fijarse tipos penales para los servidores públicos, esta normatividad llegó muy tardíamente, “cuando ya las conductas atípicas y antijurídicas formaban parte de las prácticas culturales del conglomerado social”. (Blanco y Téllez, 2016, p.169).

El tipo de amenaza que afectó el sistema administrativo en la República de la Nueva Granada (1832-1840), se orientó en dos direcciones, una, relativa a las irregularidades que se presentaron en cuanto al manejo en sí de los bienes y rentas del Estado, otra, la que acompañó las formas de control sobre el manejo de la administración, es decir, una excesiva organización burocrática al servicio de políticos lugareños, especialmente, quienes coactuaron a favor de ciertos grupos, generalmente familiares con intereses particulares, a través de acciones, omisiones, o desviaciones, tanto en el ámbito de decisiones como en el de presupuestos. (Blanco y Téllez, 2016, p.170).
Las guerras civiles ocurridas en Colombia a lo largo de todo el siglo XIX, tuvieron como trasfondo, elementos políticos, sociales y económicos, pero también, la corrupción. La guerras civiles de ese siglo (de las Guerras de Independencia a la Guerra de los Mil Días) configuran un “fenómeno histórico secular que manifiesta (ante todo) la inestabilidad endémica del Estado” (Ortíz, Vasquez, s.f. p. 1). Prácticamente todas las guerras civiles fueron promovidas por diversas facciones de miembros de las élites locales, a favor o en contra de los intereses de otras élites. Fueron guerras promovidas por terratenientes, militares, políticos incrustados en el Estado y familias del poder.

La corrupción siguió ganando terreno a lo largo de todo el siglo XX. Una de las consecuencias de la manutención de ese estado de cosas fue la pérdida de Panamá en los primeros años del siglo XX. El proyecto separatista, utilizó de medios como la especulación financiera y los sobornos tanto en los Estados Unidos, en Francia como en Colombia, especialmente en el Istmo de Panamá. Esta, podríamos afirmar, es la operación de corrupción más importante del siglo XIX histórico en el Estado colombiano (Ortiz Vásquez, Luis C. s.f., p.8).

Con el "affaire" Panamá, fueron sobornados no pocos funcionarios oficiales, con la dolorosa pérdida de ese territorio patrio. En la dictadura de Rafael Reyes, se manifestó a través de concesiones y contratos a los validos del régimen. En los años veinte vino la "danza de los millones", en buena parte con la indemnización de los Estados Unidos por Panamá, precio de la reconciliación. Eran los atisbos de un capitalismo endeble y dependiente. En torno a las compañías petroleras se tejió desde entonces la más intrincada red de intereses. Ya en 1905 Reyes había entregado los terrenos petrolíferos de Barrancabermeja a Roberto Mares, su ahijado de matrimonio. (Villar Borda, Luis, 1999).
Colombia, políticamente, desde el siglo XIX y durante todo el siglo XX, ha sido un régimen bipartidista. Los partidos liberal y conservador se han dividido el poder, encarnando dos élites con tendencias ideológicas contrapuestas, en general una de terratenientes regionales y otra de aristócratas urbanos. Ese régimen bipartidista ha venido acompañado de todo tipo de corrupción y es la causa de algunos de los episodios de violencia más cruentos del siglo XX: El asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, el Bogotazo, y todo el periodo de La violencia que va de finales de los años 40s hasta la instauración del llamado Frente Nacional en 1958.  La manutención del poder mediante la aniquilación de la oposición ha sido práctica común de la política en Colombia. Al de Gaitán se suman los nombres de candidatos a la presidencia tales como Pardo Leal (asesinado en 1987), Galán (asesinado en 1989), Pizarro (asesinado 1990), Jaramillo Ossa (asesinado en 1990). 
El clientelismo, es la modalidad de corrupción bipartidista que estableció el intercambio extraoficial de favores, en el cual los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones, obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral, se ha mantenido incólume desde esa época hasta el presente.
Villegas (1998) entendía para ese momento que el foco principal del problema se situaba en la contratación estatal. Entre las estrategias implementadas se contemplaban elementos de carácter normativo, políticas públicas y acciones de diversas instancias del Estado, entre ellas, el Gobierno Central, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República. Estrategias que involucraban tanto a las instituciones, a los funcionarios públicos, a los contratistas y, por supuesto a los ciudadanos.

En el contexto del final del siglo XX, la corrupción ya era entendida como el principal reto del Estado “razón por la cual se dirigen esfuerzos sostenidos para combatirla mediante la prevención, la realización de reformas estructurales en entidades públicas buscando su transformación para modernizarlas, la consagración de políticas reales de estímulos y de incentivos para los honestos y el castigo a los corruptos” (Villegas, 1998, p. 2).
Las décadas de los años 80s y 90s vieron crecer de manera descomunal el fenómeno del narcotráfico y su capacidad para permear todas las instituciones públicas, los partidos políticos y también, parte de la economía privada, configurando lo que se denominó el fenómeno de la narco-política y la narco-economía. Paralelamente, otro fenómeno de corrupción que se generalizó en la misma época, fue el paramilitarismo y la llamada Parapolítica. Estos dos fenómenos, la narco-política, la narco-economía y la para-política fueron el correlato de la corrupción en el paso del siglo XX al XXI en Colombia.
Las diferentes administraciones de ese periodo se preocuparon por crear estrategias de luchar contra la corrupción: la de César Gaviria Trujillo (Misión para la Moralización y Eficiencia de la Administración Pública), Ernesto Samper Pizano (Consejería Presidencial para la Administración Pública, Andrés Pastrana Arango (Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción) y Álvaro Uribe Vélez (endurecimiento castigos, incentivos veeduría ciudadana). (Zuleta, 2015). Sin embargo, sin excepción todos esos presidentes y sus ministros y políticos de apoyo en el Congreso fueron sacudidos por escándalos de corrupción.
Este análisis de Ortiz Vásquez, permite definir la naturaleza de la Corrupción en Colombia:
O sea, que el fenómeno social de la corrupción tiene como sujetos históricos a personas de diferentes condiciones de nacionalidad y ciudadanía. No se puede considerar como un fenómeno natural de ciertos grupos humanos o sociedades aun cuando ella aparezca en contextos espaciotemporales específicos como manifestaciones de mayor repercusión social. En ella participan personas de diferentes condiciones sociales, pero los grandes beneficiarios siempre son los miembros de las élites dominantes económica y políticamente. (Ortiz Vásquez, Luis C. s.f., p.9).
            La historia nos lleva a una conclusión simple. La corrupción en Colombia tiene su origen en el dominio de clase: la corrupción es perpetrada sistemáticamente por las élites económicas y políticas de país como una forma de ejercicio del poder. Las clases medias y populares también practican actos de corrupción, pero su impacto es más localizado y puntual.
                Durante las primeras décadas del siglo XXI, organismos nacionales e internacionales como Transparencia Internacional han establecido métodos y procesos consistentes de medición y evaluación de la corrupción, permitiendo comparaciones a nivel mundial. A pesar de que el repertorio de normas, políticas públicas y acciones del estado ha sido y es uno de los más abundantes y complejos, las calificaciones internacionales de Colombia en los rankings de corrupción son altamente preocupantes. La percepción sobre la corrupción en el país se ha venido evaluando en los últimos 15 años. Uno de los indicadores de la situación es el Índice de Percepción de Corrupción España (IPC), de la agencia para la Transparencia Internacional. El informe califica de 0 a 100 la percepción sobre corrupción en el país y en ese estudio, Colombia tiene entre el año 2002 y el 2016 un promedio de 3.21 puntos, muy por debajo del promedio regional que es de 4.5 puntos. 
Un breve análisis de los datos, revela que los esfuerzos hechos durante el periodo han sido infructuosos. Aunque el número de países aumenta entre 100 y 180 en el periodo, este solo altera la posición del país en la tabla de posiciones entre la 57 y la 90. Sin embargo, el puntaje que el país logra en cada año permanece relativamente estable. El menor puntaje lo logró en el año 20011, con 34 puntos y el mayor puntaje en el año 2005, con 40 puntos. En el periodo no se evidencian variaciones importantes que demuestren que el Índice de Percepción de la Corrupción se redujera, ni durante el gobierno de Uribe, ni en lo que va corrido del gobierno Santos, y se demuestra que las estrategias de lucha contra la corrupción en dos gobiernos no han mejorado la percepción sobre la corrupción en el sector público.
Se puede decir que todos los gobiernos del país desde la promulgación de la Constitución de 1991 han dejado tras de sí escándalos de corrupción. (Ver Tabla 2.).
Tabla 2: Escándalos asociados a los periodos de gobierno 1990 -2017.
Periodo
Gobierno
Escándalos asociados
Estrategias anticorrupción
1990-1994
Cesar A Gaviria Trujillo
Manejo de Colfuturo
Fuga de Pablo Escobar
Vinculación de familiares en corrupción caso Inurbe. Se presentaron hechos de corrupción en electrificadoras como El Guavio y TermoRío donde el conocido narcotraficante Pablo Escobar tenía varias operaciones.
Constitución de 1991.
Misión para la Moralización. La modernización del Estado. Régimen disciplinario para servidores del Estado.
1994-1998
Ernesto Samper Pizano
Proceso 8000 por dinero del narcotráfico (cartel de Cali) en la campaña presidencial.
Relaciones generalizadas entre el narcotráfico y la clase política. Pérdida de legitimidad, credibilidad y de gobernabilidad.
Lucha contra los carteles de la droga. Aprehendido en Cali Gilberto Rodríguez Orejuela.
1998-2002
Andrés Pastrana Arango
Caso del Banco del Pacífico, entidad que fue intervenida el 20 de mayo de 1999, se acusa a algunos ex funcionarios de la administración Pastrana. El Banco Andino fue intervenido el 20 de mayo de 1999.  Irregularidades a la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique. Caso Chambacú.Inurbe. Parapolítica. ONG Human Rights Watch acusa impunidad de actuar de los paramilitares. Aumento generalizado de la corrupción durante su gobierno. Manutención del tradicional clientelismo bipartidista.
Intento fallido de referéndum para disolver el poder legislativo como paso indispensable para llevar a buen puerto sus planes de saneamiento de la política nacional.
2002-2006
2006-2010
Álvaro Uribe Vélez

Pistas de aterrizaje para narcotráfico, Defraudación a la Dian, Invercolsa, Agro Ingreso Seguro y Desfalco de la salud, escandalo SaludCoop, las 'chuzadas' del DAS , Carimagua, Caso Santoyo, Convivir (cooperativas de vigilancia), falsos positivos, Yidispolítica, clientelismo, Odebrecht, Terrorismo de Estado, Parapolítica, compra de votos para aprobación de la reelección. Mayor número de funcionarios vinculados a procesos de corrupción. Según la Procuraduría General de la Nación, (Alejandro Ordóñez), “la corrupción ha desbordado la institucionalidad” y que “de los 37 mil funcionarios que están siendo investigados por la Procuraduría, el 70% es por motivos de corrupción”. Vinculación de sus dos hijos en diversos casos de corrupción.


Plan de gobierno incluía medidas anticorrupción y transparencia. Gestión por resultados, un nuevo sistema de compras y adquisiciones públicas, el mejoramiento de control interno, la simplificación de trámites, el Gobierno en línea y selección de servidores públicos por meritocracia. Referendo contra la corrupción y la politiquería. (Perdió en la votación). Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción. Fortalecimiento de la normatividad en la contratación Pública. Sistema de contratación por meritocracia.
2010-2014
2014-
Juan Manuel Santos
La Corte Constitucional es sacudida por un supuesto soborno que involucra al magistrado Jorge Pretelt.
Caso Inerbolsa. Caso Reficar. Sospecha de corrupción en venta de ISAGEN.
El Congreso aumenta inescrupulosamente su salario.

La Fiscalía anuncia que es posible que dinero de Odebrecht hayan entrado a la campaña presidencial de Santos.

Se estima en 1 billón de pesos por semana la capacidad de la corrupción para asaltar al Estado. Estas cifras y casos, dadas las cuantías que involucran, demuestran el aumento del fenómeno.

56% de esas entidades de control del orden departamental se encuentran en nivel alto y muy alto.

Impunidad como regla. Máximo algunos casos juzgados y muchos reciben casa por cárcel.
Financiación de las dos campañas electorales por la firma Odebrecht.
Ante los escándalos en la Rama Judicial, propuso: corregir y mejorar la administración de la Justicia Reforma al Equilibrio de Poderes. Tribunal de Aforados. Sistema de gestión judicial. Creación de la Dirección de la Magistratura.
Declaración por un Estado Abierto 2017.

           













Fuente: Elaboración propia.










El conjunto de las informaciones conseguidas muestra que, por la magnitud de los casos de corrupción, esta se trata, no de las pequeñas y cotidianas prácticas corruptas que millares de funcionarios y ciudadanos realizan. Si, de grandes estrategias lo suficientemente estructuradas e informadas como para capturar el grueso de los recursos del Estado en todos sus niveles. Colombia está frente a un fenómeno de macro-corrupción histórica practicada por agentes que dominan el panorama de la política y los mecanismos de contratación del Estado. A esos actores y sus prácticas, la estrategia de enfrentamiento con la cual cuenta el estado no alcanza a impactar de manera contundente. Por lo tanto, la impunidad se impone como regla general.
                La corrupción como fenómeno parece presentar dos vertientes: una que se concentra en las élites políticas y económicas y se da entre miembros del alto gobierno y el Congreso y entre empresas contratistas de grandes obras. Otra que se expresa en la corrupción de base, y se da entre funcionarios de bajo escalón y ciudadanos usuarios de servicios del Estado y entre pequeños contratistas. Mientras que la corrupción de élite es concentrada, limitada a círculos sociales muy específicos y de altísimo impacto, la corrupción de base es difusa y amplia, pero de bajo impacto.
La persistencia de la corrupción se explica gracias al sistema clientelista que impera en los procesos electorales, a través de los cuales, es elegida la misma clase social que ha gobernado el país a lo largo de los últimos dos siglos.
            Así, la corrupción en Colombia configura un circuito vicioso que comienza en el sistema electoral vigente que coopta el proceso electoral, mediante la financiación de campañas que canalizan la mayoría de los votos a favor de la manutención de una clase política que usa el gobierno como una forma de ejercicio del poder que se apropia de los recursos públicos y corrompe los mecanismos de control y vigilancia, debilita la participación ciudadana y se consolida a través de la impunidad. Buena parte de los recursos desviados, son usados para financiar las siguientes campañas políticas, empleando los tradicionales mecanismos del clientelismo para, una vez más, volver a elegirse y reiniciar un nuevo ciclo de delitos e impunidad. Este círculo vicioso es dinamizado, particularmente, por la corrupción de elite.
           Su última y más clara expresión es el cinismo. Al punto de ser el grupo de políticos más corruptos de Colombia, ser quienes llaman a marchar contra la corrupción. El cinismo político supone que los ciudadanos son estúpidos. ¿Lo son?

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